22 de junio de 2011

Como ave rapaz








Desperté cuando las luces no brillaban aún

(es hermoso, y sabes bien que no me pasa a menudo)

y mientras dormías te escribí unas rimas

sobre tu espalda, sobre tus muslos,

y como si fuera un ave rapaz

rasgué tus labios con estos afilados besos

que me crecen como uñas, como garras,

y me fui elevando hasta la cima de la colina,

(o de la cama, que es lo mismo),

para poder observarte…

y desde allí bajé con una terrible fuerza

procurando caer sobre nuestro lecho,

y de repente me distraje mirándote

y fui a caer en el sueño de nuevo,

hasta que despertamos con las luces

de un nuevo día...





11 comentarios:

Diego dijo...

Pido disculpas a la gente por no publicar nada en este largo rato pero estuve ocupado con otras cosas, lo cual me ha quitado tiempo.
Saludos a todos!!!!

Luna dijo...

Sin tiempo pero con un despertar de ensueño...

Dieguito, saludos muchos, muchos.

Mony dijo...

¡Extrañaba leerte, Diego! Hermosa entrada, como siempre.

De esas que te hacen temblar de emoción, me encanta la forma en que desangras romance en cada línea.

Saludos muchos :)

Verónica dijo...

Bello poema y muy sugerente.
No te harías daño, al caer al suelo? (como no...es broma jajaja)
Feliz semana, apreciado Diego
Besos

OceanoAzul.Sonhos dijo...

Envolvente. Gostei muito.
Um beijo
oa.s

Alma Mateos Taborda dijo...

Bellísimo y atrapante poema. Un amanecer de poeta sensible y virtuoso. Felicitaciones. Un abrazo.

Antorelo dijo...

Sugerente e insinuante poema. Un placer leerlo. Puse entrada nueva.
Un abrazo

MAR dijo...

Precioso!!!
Te felicito.
Un abrazo grande.
mar

aamanecerdeluniverso dijo...

Hermosa entrega de un versar carismático y envolvente.
La imaginación es el poder del poeta. Y tu lo eres.

Enhorabuena.

Un abrazo.

Diego dijo...

Gracias a todos por darse el tiempo de visitarme. Les cuento que estoy en cama con neumonía y por eso estoy alejado del blog.
Volveré... jaja

Abrazos a todos

Julio Dìaz-Escamilla dijo...

Bueno es que al poeta le dé de vez en cuando a invernar, pero de eso a que nos abandone ¡óigame, poeta, que no hay derecho! Lo bueno es que su amada lo tiene allí, pegadito a sus emociones.
Un abrazo, Diego, ya nos tomaremos un café.