21 de marzo de 2012

Tres poemas breves




1

Aquí,
pidiéndote permiso
dejo mi cuerpo en tu piso,
para que lo ames

nunca pude
ser fuerte en estos días…
vos, en cambio, los querías
todos para vos

(marzo triste)

Sí, busco tu compañía,
¡que lo parió, comenzó el otoño!


2

Sé de tus escondites,
de tus curvas,
tus sueños

conozco tus movimientos
cuando duermes
cuando finges

adivino tus respuestas,
tus preguntas,
tus pretextos

pero mira que tanto te conozco y nunca pude adivinar tu mentira…


3

Es difícil
salir de tu boca
cuando llega la noche
y la furia de la carne nos domina,
es difícil
hacer silencio
y olvidarse de las paredes
que escuchan hasta los suspiros…

pero no nos importa,
porque noche a noche nos volveremos a entregar
a los discretos sonidos de nuestro amor.




@derechos reservados



17 de marzo de 2012

mis padres




Yo no tengo la culpa de tener un papá malo, mamá; lo sé porque lo primero que sentí en mi Vida fue tu dolor, tus desgarradores gritos y luego tus lágrimas.
No te preocupes mamá, todo va a salir bien. Por suerte te tengo a vos y vos a mí, y los dos vamos a salir adelante... será hermoso alimentarme de vos, que prepares mi ajuar por más pequeño que sea, que me cantes canciones de cuna para que cuando me ponga inquieto me calmes.
Será hermoso cuando por fin nos veamos cara a cara y rompamos en llanto, yo por la sensación de sentir lo que es respirar, y vos por tocarme, por darme tu leche, por acariciarme...
Soy indefenso, lo sabes bien, pero me siento seguro porque se que cuidarás de mí...Un papá malo tiene cualquiera ¿sabés? Y cuando crezca el que va a cuidarte a vos seré yo, ya verás; ya verás lo felices que seremos aún si no tenemos muchas cosas materiales. TE AMO
Recién escuché a ese señor decir que no te preocupes, que todo va a salir bien, ¡Es lo que ya te dije! ¿viste? No solo hay gente mala como papá en el mundo. Tranquila.
Te amo mamá! ¡cómo te amo!
¿mamá? ¿mamá?
Nooooooo mamá, nooooooo!!!! ¡¿por qué mamá?! noooo!!!!


9 de marzo de 2012

(pasó de verdad)




Llevaba tres horas trabajando y el silencio de los legajos de créditos me envolvió en una tristeza incomprensible, ellos me decían "¡escapá!". La pequeña radio que me acompañaba se quedó sin habla y por más que quería no podía mantenerme bien despierto. La oficina no es grande, el aire acondicionado no funcionaba y lo peor de todo era que mi corbata quería estrangularme como en aquella caricatura del capitalista opresor enfundado en su traje de "buena gente" exprimiendo al máximo a un súbdito del sistema.
Inmediatamente corté el análisis de rentabilidad esperada y el de las proyecciones del mercado de valores y me elevé unos cincuenta centímetros del suelo para volar bajito mientras pretendía alejarme del presente pero por sobre todo del pasado. Asomé  por la puerta (aquella que da al mundo exterior), y una mirada me fulminó, me retrotrajo al pasado y otra vez volví a odiarla. Era C. La última vez que la había visto fue en aquella noche de Navidad hace once o doce años. En aquel encuentro ya llevábamos un par de años distanciados y tan sólo me dijo "Hola". Pero volviendo a ese presente que me golpeaba, no pude más que intentar desplomarme con estilo; no sentía esa mirada tan penetrante desde ese "hola" que a través de los años la disfrazaba de "chau".
Ésta vez no me dijo nada aunque en mi cabeza la escuchaba excusarse por no saber llevar nuestra relación como corresponde, la veía llorar sin evitar mi partida. En fin, recuerdos...
¡Ay C! Si me hubieras dado otro "hola" ayer hubieras escuchado mis reproches por no haberme detenido la noche de nuestra ruptura; me hubieras escuchado odiarte con la mejor manera que tengo de hacerlo. Menos mal que no se retomar relaciones abortadas.
Y te fuiste con tu belleza a cuestas, con tu cuerpo ya no tan perfecto pero demasiado bien conservado y con una tristeza inmensa que adiviné en tus ojos: la de no ser feliz...